¡Avionetas pulverizadas y un dolor que no se quita! Treinta años del bochinche que paró el mundo

Hace treinta años, la dictadura cubana tumbó dos avionetas de Hermanos al Rescate en aguas internacionales, dejando cuatro muertos. Un escándalo que aún duele.

Qué pasó

Oye esto pa’ que veas, que ya pasaron treinta años y la gente ni se acuerda bien. Imagínate que un día como hoy, pero en 1996, el cielo sobre el Estrecho de la Florida se puso feo de verdad.

Dos avionetas, de una gente que se llamaba Hermanos al Rescate, terminaron hechas pedazos. Los tumbó la aviación cubana, así, sin pensarlo dos veces. Cuatro muchachos perdieron la vida en ese instante.

Esa historia, te lo digo yo, marcó un antes y un después entre Cuba y Estados Unidos. Y para mucha gente, todavía es un clavo que no se quita del alma.

Dónde y cuándo

La cosa fue la tarde del 24 de febrero de 1996, justo en esas aguas internacionales que dividen la Florida de nuestra isla. Los de Hermanos al Rescate andaban en su faena, buscando balseros en peligro.

No era la primera vez que esas avionetas volaban por ahí. Hasta habían tirado volantes con la Declaración de Derechos Humanos sobre Cuba en otras ocasiones. Pero ese día fue distinto, el ambiente estaba cargado.

De repente, aparecieron los aviones de guerra cubanos. Eran unos MiG-29 y MiG-23, máquinas de guerra de verdad, contra unas Cessna 337, que eran como bicicletas al lado de esos monstruos. Imagínate el pánico que se formó en el aire, si es que les dio tiempo a sentirlo.

Por qué importa

¿Y por qué esto nos importa? Pues mira, murieron Mario Manuel de la Peña, Carlos Alberto Costa, Armando Alejandre Jr. y Pablo Morales. Todos eran cubanoamericanos, menos Pablo, que era cubano y había sido rescatado por la misma organización.

Gente con vidas, con familias, que se esfumaron en un abrir y cerrar de ojos. No eran militares, no estaban armados. Estaban en una misión humanitaria. Esto le cayó a la gente como un jarro de agua fría, y no solo aquí, sino por el mundo entero.

Además, este incidente endureció la mano de Estados Unidos con la Ley Helms-Burton. Y aunque pasen los años, para los familiares de esos muchachos, esto no es solo política, es un dolor que sigue ahí, pidiendo justicia.

Qué dicen las partes

Unos dicen una cosa, otros dicen la otra, pero el bochinche mayor salió cuando Fidel Castro, en una entrevista, dijo que él asumía la ‘responsabilidad’ por las órdenes generales. Aunque dicen que el que estaba detrás de todo el plan operativo era Raúl Castro, que era el ministro de las Fuerzas Armadas en ese momento.

Las avionetas eran civiles, desarmadas, lentitas. Los MiG cubanos eran unos pepinos, rapidísimos y con misiles. La desproporción era una cosa de locos, no había por dónde compararlos. Dispararon misiles térmicos y acabaron con todo.

También se habló de un piloto, Luis Raúl González-Pardo, que años después entró a Estados Unidos y ahora tiene problemas migratorios por supuestas falsedades. La condena internacional fue unánime, pero eso no trae a los muertos de vuelta, ¿verdad?

Qué viene ahora

¿Y qué queda ahora? Pues queda el recuerdo amargo para muchos en el exilio. Y la realidad de que las nuevas generaciones casi ni saben de este episodio. Es una herida que no cierra, una justicia que sigue pendiente para los que perdieron a los suyos.

Hay que seguir mirando de cerca este tipo de historias, para entender cómo las decisiones en tiempos de confrontación pueden tener consecuencias tan fatales. Es un recordatorio doloroso de los momentos más tensos entre nuestros dos países.

El 24 de febrero de 1996 no es solo una fecha; es un símbolo de dolor, de preguntas sin respuesta y de la imperiosa necesidad de que la memoria no se borre.

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