¡Atrapado por el Cacerolazo! Artista Cubano se Juega la Libertad por los Apagones
Artista cubano Dayán Melián Castro detenido en La Habana durante protestas por apagones prolongados. Exigen su liberación inmediata.
¡Oye esto pa' que veas!
Parece que la cosa se puso caliente en La Habana. El artista visual Dayán Melián Castro, de los que pintan y sacan el dolor por su Cuba, ¡zas!, detenido la noche del miércoles. ¿La razón? Estaba metido en un cacerolazo, de esos que la gente hace golpeando ollas para quejearse de los apagones que no acaban.
Imagínate, el tipo, que le duele el alma por su tierra, ahora está metido en un lío por querer que se oiga su voz, y la de tantos cubanos hartos de vivir a oscuras y con la nevera vacía.
¿Dónde y cuándo se armó el bochinche?
Todo este relajo pasó el miércoles 11 de marzo, bien entrada la noche, en La Habana. Dicen los que saben que Melián Castro estaba en una de esas protestas vecinales, de las que se oyen en varios barrios como Diez de Octubre, La Lisa, y hasta La Habana Vieja. Son noches seguidas de cacerolazos, el calor aprieta, la comida se daña y la paciencia se agota. El ambiente, tú sabes, tenso, con el ruido de las cazuelas rompiendo la noche.
¿Y por qué importa este cuento?
Pues mira, esto no es solo un artista preso. Es la señal de que la gente ya no aguanta más. Los apagones no son un detallito, son la gota que colma el vaso de una crisis que afea la vida. Cuando un artista, que se supone que debe crear belleza, termina en la policía por alzar la voz por las necesidades del pueblo, algo no cuadra, ¿me entiendes?
Esto importa porque muestra que la bronca va en serio, que el cubano está buscando la forma de que lo escuchen, aunque sea a golpes de cuchara en un caldero.
¿Qué dicen las partes?
Por un lado, están los activistas y colegas de Melián Castro, como Anamely Ramos y Yulier Rodríguez, que están gritando que lo liberen ya. Dicen que su lugar no es una celda, sino aportando a Cuba. Denuncian la falta de información y la represión. Por otro lado, las autoridades, bueno, hasta ahora, silencio total. Ni confirman, ni desmienten, ni dicen qué cargos le van a poner a este hombre.
Es el mismo cuento de siempre: el pueblo se queja y las autoridades, o callan o reprimen. Unos dicen que no se puede protestar, otros dicen que es un derecho.
¿Y ahora qué?
Pues ahora, a ver qué pasa. Los que exigen su liberación no se van a quedar quietos, y la gente en La Habana tampoco deja de hacer sus cacerolazos. Lo que está claro es que la crisis eléctrica y el descontento siguen ahí, creciendo. Hay que ver si esta detención aviva más la llama de las protestas o si, como otras veces, la cosa se queda en un susto y luego todo sigue igual.
Lo que sí te digo es que este caso hay que seguirlo de cerca. La cosa está en el aire, y nadie sabe pa' dónde va a soplar el viento.