¿Y tú, sabías? Arrestan a 'doctora' de recuperación ilegal en Hialeah con pacientes en camisón
Mujer arrestada en Hialeah por operar casa de recuperación ilegal para pacientes de cirugía estética. Cobraba $250-$300 por noche sin licencia.
¡Oye esto pa' que veas!
Parece que en Hialeah se pusieron las pilas y le cayeron encima a una señora que se las daba de doctora, pero en verdad estaba montando un negocito ilegal. La arrestaron con todo y pacientes en camisón, ¡imagínate el bochinche!
La cosa es que esta mujer, que se llama Maria Otero, supuestamente estaba dando servicio de recuperación post-cirugía desde un apartamento, cobrando un dineral, pero sin tener un solo papel en regla. ¡Un descaro, mi gente!
¿Dónde y cuándo pasó el relajo?
Esto fue en Hialeah, allá por la cuadra 18000 de Northwest 68th Avenue. Los detectives se enteraron por un chivatazo de un inspector de salud. Cuentan que llegaron un jueves y vieron a la Otero entrando con una señora que parecía recién operada, con su bata y medias de compresión, de esas que usan después de la cuchilla.
Adentro, ¡sorpresa! Había dos empleadas, tres pacientes tratando de recuperarse y la jefa, Otero. Los pacientes dijeron que estaban pagando entre 250 y 300 dólares por noche. ¡Pa' que te enteres de cómo se las gastan!
¿Y a quién le cae esta bola?
Pues a todos los que se operan por allá y buscan un sitio barato pa' recuperarse. La Otero les daba el servicio completo: ayudarles a bañarse, a comer, hasta a ir al baño, y les daba los medicamentos. Claro, todo sin la bendición de las autoridades sanitarias. Esto pone en riesgo a la gente, que necesita cuidados de verdad después de una cirugía.
La cosa es seria porque, ¿qué pasa si algo sale mal? ¿Quién responde? Por eso es que hay que tener las licencias y los permisos, ¡pa' que nadie se aproveche!
¿Qué dicen unos y otros?
La policía detuvo a Maria Otero y le puso cargos por operar un centro de vida asistida sin licencia. Ella dijo que vivía allí, pero los detectives no encontraron ni una media fuera de sitio que confirmara su historia. Las empleadas, por su parte, dijeron que Otero las contrató para cuidar a los pacientes.
Un inspector de salud le metió una orden de cese y desistimiento, que es como decir: '¡Hasta aquí llegaste!'. Y ella, pues, a esperar en la cárcel a ver qué resuelve la justicia.
¿Y ahora qué se espera?
Pues ahora la justicia tendrá que ver qué pasa con la señora Otero y su negocito ilegal. Lo importante es que las autoridades están pendientes y que no van a dejar que nadie juegue con la salud de la gente. Habrá que ver si esta orden de cese y desistimiento sirve de algo o si la señora intenta montar otro chiringuito por ahí.
Esto sirve de aviso pa' todos: ¡con la salud no se juega y las licencias están pa' algo!