¡Apaga y Vámonos! ¿La Revolución botó a sus hijos a la buena de Dios?

Cesareo Navas suelta la verdad: la Revolución dejó a miles de cubanos en la miseria, enfermos y con hambre, mientras la élite vive de lujo. Un grito de la calle que exige acciones.

¿Y esto pa' qué fue? Un grito de la calle que sacude el coco

Oye esto pa’ que veas, que la cosa está que arde y Cesareo Navas, ese hombre que de televisión y cine sabe un montón, pero ahora es el "socio" que lo ve todo, soltó una bomba. No es chisme de lavadero, es la pura verdad que nos está comiendo por dentro.

Dice Navas, con el corazón en la mano, que no podemos seguir haciéndonos los suecos. Cientos de gente, nuestros compatriotas, están tirados por ahí: enfermos, sin techo, con la barriga pegá al espinazo, sobreviviendo en portales y parques como si fueran fantasmas.

¿Dónde y cuándo fue la cosa? ¡En nuestra propia cara, mi gente!

Esto no es en otro planeta, no. Esto está pasando aquí, en cada esquina, en cada barrio de nuestra Cuba. Cada día, la gente te toca la puerta pidiendo un pedazo de pan, un buchito de sopa, o un chelito pa' ver si engañan al hambre que los tiene en un puño.

Es un dolor que te entra hasta los huesos, una amargura que no se quita con ron. Y no es cuento, mi socio; es la realidad que nos golpea la cara en el 2026, con el sol cayendo sobre la miseria y el abandono.

¿Por qué esto le importa hasta al que tiene la oreja pegada al muro?

Mira, esto nos importa a todos, desde el que está en la cola del pollo hasta el que se hace el que no ve. ¿Por qué? Porque son nuestros hermanos, nuestros viejos, hasta nuestros niños, los que están sufriendo.

Navas no se anda con chiquitas y le tira la piedra al techo: las instituciones del gobierno, que deberían estar pa’ esto, están mudas. Y peor, ese cuento de "personas vulnerables" es tremenda lavada de cara, porque lo que hay es gente hambrienta, enferma y en la más extrema pobreza.

Mientras tanto, los de arriba, los que tienen la cuchara grande, viven en su mundo de fantasía, con sus lujos y sus viajes, como si el país no se estuviera desbaratando bajo sus narices.

¿Y qué dicen los que tienen que decir algo? Unos callan, otros gritan

Oficialmente, la cosa es un silencio de tumba, como si aquí no pasara nada. Pero Navas, que no se queda callado, le exige a las instituciones gubernamentales que den la cara y resuelvan este bochorno. No es pedir un favor, es exigir una respuesta.

Y no solo al gobierno, ¿eh? También les hace un llamado a todas las organizaciones: religiosas, fraternales, políticas, gremiales. Dice que tienen que meter mano y hacer algo por estos “descartados” del sistema. Que la ayuda humanitaria no puede ser un cuento de camino.

¿Qué viene ahora? La pelota está en nuestra cancha, mi gente

Ahora, la cosa es qué hacemos. Navas no se queda solo en la queja, ¡qué va! Propone que en los propios barrios busquemos soluciones, busquemos maneras de darle de comer a esta gente que no tiene ni esperanza.

No se trata de adivinar el futuro, sino de ver que hay que moverse. Porque, como bien lo dijo él, "La Revolución, SÍ, SÍ, ha abandonado a muchos de sus hijos". Y recordar que Cuba es de todos, y la dignidad de su gente no puede esperar ni un minuto más.

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