¿Desalojaron a un ciego de su casa en La Habana? ¡El chisme que revivió el tema de las propiedades confiscadas!
Un escritor ciego y con movilidad reducida en La Habana denuncia desalojo de su vivienda, reabriendo el complejo debate sobre propiedades confiscadas tras la Revolución.
¡Oye esto pa' que veas!
Imagínate la escena: un señor mayor, escritor, ciego de paso y con las piernas que no le dan pa' mucho, llega a su casa en La Habana y ¡zas! le han cambiado la cerradura. ¡No entra! El cuento es de Joaquín Baquero, un hombre de más de 70 años que dice que su apartamento en el reparto Náutico amaneció ocupado.
Esto lo soltó el director de arte Luis Lacosta, y el escritor José Manuel González Rubines se sumó al jolgorio, porque este lío es viejo como el mundo en Cuba. Parece que alguien desde Estados Unidos, que lleva más de veinte años fuera, anda reclamando el inventario, pero lo raro es que a Joaquín, que lleva ahí un montón de tiempo, lo dejaron en la calle.
¿Dónde fue el bochinche y cuándo?
Todo este drama se armó en el reparto Náutico, allá en La Habana. El pobre Joaquín se topó con la sorpresa al regresar a su hogar, un lugar que asegura haber habitado por décadas. El ambiente se pone tenso, porque uno piensa en la impotencia de no poder entrar a tu propia casa, con esa barrera que te impide el paso.
¿Y esto a quién le cae arriba?
Mira, este cuento pone el dedo en la llaga de uno de los temas más complicados de la isla: las propiedades que cambiaron de dueño después del 59. Miles de casas se las llevó el viento, y ahora, los que las ocupan o las compraron legalmente se encuentran con los que fueron dueños o sus descendientes pidiendo lo suyo.
Al final, esto cambia la vida de la gente. Para Joaquín es quedarse sin techo, y para otros es la incertidumbre de si su casa, que compraron de buena fe, puede ser reclamada. Es el pan de cada día para muchos, este lío de quién es quién en la posesión de una vivienda.
¿Qué dicen unos y otros?
Aquí es donde se pone bueno el asunto. Por un lado, Joaquín Baquero denuncia que lo echaron sin más. Por otro, parece que hay alguien en el extranjero reclamando derechos, ¡y sin mostrar un papel oficial hasta ahora! La cosa está enredada, porque no se sabe quién tiene la razón ni qué papeles respaldan cada postura.
Los expertos dicen que resolver esto es un rompecabezas de leyes y moral. Hay que ver cómo se equilibra a los que perdieron sus casas y a los que las tienen ahora, sin culpa directa de lo que pasó hace años.
¿Y ahora qué?
Pues mira, mientras se aclara el caso de Joaquín, el debate está servido. Queda claro que el tema de las propiedades y la seguridad legal en Cuba sigue siendo un hueso duro de roer. Nadie tiene la bola de cristal para saber qué va a pasar, pero lo seguro es que hay que seguirle la pista a este asunto porque toca las fibras de muchos cubanos.
El futuro legal y patrimonial de la isla está lleno de estas historias, y esta, la de Joaquín, es una más que nos recuerda las deudas pendientes y las heridas que aún no cierran.