¿Te arrestan por contar la basura? ¡Así asfixian la prensa en Santa Clara!
Nueve cubanos enfrentan amenazas de prisión y despidos por colaborar con el medio independiente Páginas Villareñas en Santa Clara, Cuba.
Qué pasó
¡Oye esto pa' que veas! En Santa Clara, Villa Clara, parece que contar los problemas del barrio es delito. Nueve personas andan asustadas porque las amenazan con meterlas presas o botarlas del trabajo. ¿Por qué? ¡Por meterse con Páginas Villareñas, un boletín que dice las verdades que uno ve a diario!
No es un invento, el Observatorio Cubano de Libertad de Expresión (OCLE) soltó la sopa. Hablan de cinco periodistas ciudadanos, una pareja que se la daba de verificar noticias y otros dos que querían echar una mano, todos bajo presión.
Dónde y cuándo
Todo este bochinche se destapó hace poco, pero las intimidaciones vienen de antes. Imagínate, en mayo un profesor de natación, ¡en su propio trabajo!, ¡un teniente le dijo que sus hijos podían crecer sin padre si seguía escribiendo! ¡Qué caliente!
Otro se metió en lío por decir que habían quitado un bus. ¡Y una pareja de verificadores, con el futuro de su hijo en el aire! Así es la cosa en Santa Clara, donde hasta quejarte de la basura te puede costar caro.
Por qué importa
Mira, esto importa porque informa la gente de a pie, la que sufre el día a día. Hablan de la basura que se acumula, los hospitales que no dan abasto, el transporte que no llega, los apagones que te dejan a oscuras y la contaminación que te ahoga.
Si no puedes ni decir que falta el agua o que la calle está rota sin que te amenacen, ¿entonces qué? Es la libertad de decir lo que uno ve, lo que nos jode la vida, lo que todos sabemos pero no se puede contar.
Qué dicen las partes
Por un lado, el boletín y la gente que colabora denuncian las amenazas y las represalias. Por otro, los que amenazan, que se identifican como autoridades, dicen que esto es por «usurpación de funciones públicas», ¡como si informar fuera un crimen!
El director del medio, Alberto Hernández González, anda investigando por qué la gente dejó de hablarle. El OCLE, aunque no pudo comprobar las amenazas al cien por cien, sí vio que los periodistas están ligados al boletín. Mientras, los problemas siguen ahí, sin resolver.
Qué viene ahora
Pues mire usted, lo que viene es seguir de cerca este caso. Los organismos de derechos humanos están pidiendo que se metan mano. La idea es que informar sobre los problemas de la comunidad no te convierta en un delincuente.
Veremos si las autoridades se ponen las pilas o si la gente sigue con el miedo en el cuerpo. Porque al final, lo que la gente quiere es que se arreglen los problemas, no que le cierren la boca.