¿Aceite a precio de oro? ¡En Las Tunas se arma la guagua por un pomo!

Un trabajador por cuenta propia vendió aceite a 2.250 pesos en Las Tunas, desatando una multitud. La escena expone la escasez y contradicciones del control de precios en Cuba.

¡Qué cosa, compadre!

Oye esto pa' que veas la cosa. En Las Tunas se formó un bochinche del bueno, ¡pero del bueno de verdad! Un trabajador por cuenta propia, de esos que se buscan la vida, decidió vender aceite comestible. ¿Y a qué precio? ¡A 2.250 pesos el pomo! Y créelo o no, eso provocó una avalancha de gente con la cartera en la mano.

La noticia corrió como pólvora por las redes sociales desde el día antes. La gente, que anda loca buscando aceite por todos lados, vio la luz al final del túnel y dijo: "¡Vamos pa' allá!" Así que desde tempranito, aquello parecía un hormiguero. Todo el mundo quería asegurar su pomo de aceite, uno de esos productos que hoy en día valen más que oro.

La cola que no se ve todos los días

El punto fue en la ciudad de Las Tunas. Imagínate la escena: gente de toda clase, desde el que anda pendiente de la cola del pollo hasta el que se rebusca de otra manera, todos ahí, esperando su turno. El periódico oficialista de la provincia, El Periódico Las Tunas, tuvo que dar fe de lo que estaba pasando, describiendo cómo se llenó el lugar.

Lo curioso es que el trabajador respetó el precio que mandan las autoridades. Dijo que le ganó un 30% sobre el costo, y ahí estaba él, vendiendo según las reglas. Pero la cola que se formó te dice más que mil discursos: es la muestra de que el aceite, aunque lo vendan al precio oficial, sigue siendo un artículo de lujo para muchas familias.

¿Y esto por qué pega tanto?

Esto del aceite en Las Tunas es un reflejo clarito de lo que pasa en Cuba. Las autoridades ponen un precio, sí, pero el producto brilla por su ausencia en las tiendas del gobierno. ¿Entonces qué pasa? La gente se va al mercado informal, donde los precios se disparan por las nubes.

Cuando aparece alguien como este cuentapropista, que se decide a vender a precio regulado, aunque siga siendo caro para el bolsillo de la mayoría, la gente aprovecha el chance. Es una oportunidad que no se puede dejar pasar porque, ¿quién sabe cuándo volverá a aparecer?

Además, esta avalancha pone a pensar a más de uno. Si un pomo de aceite al precio que manda el Estado mueve a tanta gente, ¿no será que hay muchos que lo venden más caro o se lo guardan? En este juego de la escasez, vender al precio justo puede que no le salga rentable a todos los que tienen el producto, sobre todo si ven que la gente está dispuesta a pagar mucho más.

¿Qué dicen unos y otros?

Por un lado, está la versión oficial: se vendió aceite al precio establecido por el trabajador por cuenta propia, respetando las normas. Por otro lado, está la realidad de la calle: una multitud desesperada por conseguir un producto básico. Los que venden en el mercado negro, claro está, no dicen nada, pero sus precios hablan por sí solos.

Las autoridades hablan de control de precios, pero la gente en la cola solo piensa en tener aceite en la cocina. Unos ponen las reglas, otros buscan la manera de sobrevivir a pesar de ellas. Es el eterno tira y afloja.

¿Y ahora qué?

Lo que queda claro es que la situación del aceite en Las Tunas es solo una muestra de cómo anda la economía por allá. La gente anda buscando cómo resolver, y cuando aparece una oportunidad, por pequeña que sea, se aglomera.

Habrá que ver si esta historia sirve para algo. Si las autoridades se dan cuenta de que no basta con poner precios, sino que hay que garantizar que los productos lleguen a la gente. O si, por el contrario, los que tienen el aceite seguirán pensando que es mejor esperar o venderlo a quien pague más.

Lo seguro es que esta anécdota del aceite en Las Tunas se va a contar en muchas esquinas, porque es la historia de siempre: la gente luchando por lo básico en medio de la escasez.