¿Te alcanza el potaje? Cuba: La comida se pone dura pa'l que cobra en pesos

Cuba's food access is increasingly unequal, with private markets catering to the wealthy and most relying on scarce state options or external aid.

Qué pasó

Oye esto pa' que veas... en Cuba la cosa con la comida está que no es pa' todo el mundo igual. Parece que si no tienes un billete gordo o un primo que te mande de afuera, te las tienes que ver negras pa' comer bien. La gente que tiene dinero puede ir a unos bodegones modernos a comprar jamón español y embutidos finos, ¡imagínate! Pero la mayoría, pobrecitos, se quedan con lo que da la bodega del barrio o lo que llega de la ayuda.

Es como si hubiera varios cubas pa' comer. Unos se dan la buena vida con productos importados que el Estado no trae, y otros a duras penas consiguen lo básico. Esto se nota un montón y deja clarito que la plata manda a la hora de llenar la barriga.

Dónde y cuándo

Esto es ahora mismo, en toda Cuba. Se ve el contraste entre los supermercados privados, que empezaron a aparecer más fuerte desde 2021 cuando abrieron más el chiringuito para las mipymes, y las tiendas estatales de toda la vida, que ni a los tobillos les llegan en variedad.

Los bodegones están llenos de cosas importadas, un lujo que solo pueden darse los que trabajan en embajadas, los extranjeros o los cubanos que reciben remesas o les va bien en los negocios privados. Mientras tanto, en el otro lado, la gente con el sueldo del Estado, que es una miseria, anda buscando ofertas en los mercados agropecuarios o esperando que les manden algo de afuera.

Por qué importa

Importa porque la comida es lo primero, ¿verdad? Y aquí lo que se ve es que la platica es la que decide si comes jamón o si te comes el arroz con poquito sabor. Esto divide a la gente, porque unos se dan banquete y otros pasan trabajo para tener lo esencial en la mesa. Es un reflejo de la desigualdad que está creciendo a pasos agigantados en la isla.

Además, demuestra que el Estado no está pudiendo con la tarea de darle de comer a todo el mundo por igual. Si no fuera por los que tienen familia fuera o los que se rebuscan en el sector privado, la cosa estaría peor todavía. La comida se ha vuelto un termómetro de lo mal que está la economía y de cómo la gente está segmentada por su bolsillo.

Qué dicen las partes

Los que entienden de esto, como la socióloga Mayra Paula Espina, dicen que hay tres tipos de tiendas, cada una para un nivel de gente. Los bodegones son pa' los que tienen divisas o ingresos altos. Las tiendas de barrio, con precios que asustan, son pa' los que cobran en pesos y no les da pa' más. Y los más necesitados, esos se las ven negras, buscando hasta en la calle o esperando un paquete de la tía.

Los que analizan la economía, como Michael Bustamante, dicen que la apertura a las empresas privadas ha ayudado a que entren productos importados, pero ¡ay!, que los precios son un disparate. Los pocos que pueden, compran esas maravillas, pero la mayoría de los cubanos, con pensiones de menos de 6 cuc al mes, ni soñar con eso. Se habla de que el gobierno no da abasto y que la única solución es que la gente se las arregle como pueda, ya sea con remesas o con el sector privado.

Qué viene ahora

Pues mira, lo que se ve es que esta diferencia va a seguir creciendo si no pasa algo gordo. Los que tienen dinero seguirán comiendo jamón y los que no, a ver si les llega algo de ayuda o si el gobierno saca alguna otra medida que, la verdad, no se sabe si va a funcionar.

Hay que seguir de cerca cómo se mueven los precios, si abren más tiendas de estas privadas y si la gente que cobra en pesos podrá algún día permitirse algo más que arroz y frijoles. La cosa está en el aire, pero lo que está claro es que la desigualdad a la hora de comer es un problema que no se va a resolver de la noche a la mañana.

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